Cantar de los Cantares de Salomón
APROXIMACIÓN A LOS CANTARES DE SALOMÓN EN OCTAVA RIMA
“Pourt tirer la logique du Cantique des Cantique, il
fallait vraiment une imagination intrépide”
Valery Jarbaud
“Béseme con su boca a mí el
mi amado Son más dulces que el vino tus amores; tu nombre es suave olor bien
derramado, y no hay olor, que iguale tus olores” El objeto amoroso se declara,
como también su destinatario. La amada será el sujeto principal de la
enunciación. La pasión amorosa se abre hacia el amado, poeta y soberano.
Soberano cuyo nombrar es el primer acercamiento y el eros comienza a
espiritualizarse. El amado retenido por el recuerdo; su ausencia los une con
lazos de dulzura y hermosura. No existe incertidumbre sobre la existencia del
que es amado y ama. Serán sus besos cual aliento divino, creador de la certeza.
“Dime amor de mi alma ¿do
apacientas el tu hermoso ganado, y tu manada? ¿Dónde haces la siesta, dónde
asientas? ¿dónde tienes tu albergue, y tu manada? La amada interroga a la
ausencia del amado; pero será su certidumbre la que responda. La ausencia es la
condición necesaria para gozar del objeto amado.
“Si no sabes, bellísima
pastora/ el valle do asiento mi ganado /toma los tus cabritos, y a la hora/
seguirán el camino más hollado/Caminando por el veras do mora/” El amado
manifiesta su presencia por medio de palabras similares a la sulamita;
retomando sus giros. La presencia del amado no es más que una espera.
“Cuando estaba el Rey mío en
su reposo/ mi nardo dio su olor muy más crecido/ manojuelo de mirra es el mi
esposo/por eso entre mis pechos le he metido/ racimo de cofer muy oloroso” Lo
sensitivo y lo significativo situado a un mismo nivel, dentro de una lógica
inexpresable.
“Oh cómo eres hermosa amiga
mía/oh cómo eres muy bella y muy graciosa/tus ojos de paloma en la alegría” La
belleza y la gracia de la amada reconcfortan al soberano, ella virginal,
representada por el símbolo de la pureza. Responde la descripción del amado por
la sulamita.
“oh dulce esposo mío: qué no
hay cosa/que iguale a tu belleza, y gallardía” La voz de la amada completa la
unión con la cualidad varonil del amado-poeta
“Yo soy rosa del campo muy
hermoso/ y azucena del valle muy preciada” La naturaleza se celebra en la
renovación y en la distinción.
“Debajo de su sombra he
deseado / sentarme: y me asenté, y así he cogido/ la hermosa y dulce fruta que
él me ha dado// la cual por su dulzor bien me ha sabido/ A la casa del vino me
ha llevado/ y el su divino amor allí he sentido” El amor pasión comienza a
revivir en las sensaciones de la amada; este dulce con licor, prestará todo sus
vapores para que el sentimiento se divinice y se espiritualice. La sulamita
conjuga la sumisión con la violencia de la pasión, prototipo del hombre
moderno. Ella se sabe soberana sin ser reina, por su amor y todo el discurso
que lo constituye así lo manifiesta. Por su amor se constituye en el primer
sujeto
“La higuera muestra ya su
futuro sabroso/ las viñas, que florecen, dan su olor” La renovación de la
naturaleza es la alegoría del amor; este prestará un espacio delicado donde la
unión será posible; espacio cálido que regará las sensaciones infinitas.
Mío es mi esposo, mío y muy
amado/ y yo soy toda suya, y el me quiere/ de aquel, que entre las flores su
ganado” El amor carnal se une a la pasión sin límites; carne y espíritu unido
en una sola masa que se vuelve forma y pasión.
“En mi lecho en las noches
he buscado/ al que mi alma adora, y le he hallado/ tórnele a buscar con mayor
cuidado/ y saltando del lecho suspirando/ entré por la ciudad, y he rodeado/
las plazas y las calles caminando/ de tanto caminar cansada estaba/ más nunca
pude hallar al que buscaba” La amada busca a su amado en el lugar donde las
imágenes más sensuales se convierten anhelos, suspiros y deseo. Desanda, los
pasos de su soberano y sólo el cansancio podrá impedir su búsqueda, pero no la
espera.
“Oh como eres hermosa dulce
amada/ y tus ojos tan bellos y graciosos/ como de una paloma muy preciada/
entre esos copetes tan hermosos” La repartición y la comparación en metáforas
tiene lo semántico del conjunto. El simple acto enunciativo amoroso, da la
totalidad de la significación. Sigue así respondiendo a la descripción de la
sulamita. Las comparaciones, idénticas en varios versículos y capítulos darán
la medida de la infinitud del acto amoroso, que sin embargo no se ha vuelto
carne. El amor del amado va más allá del simple acto carnal.
“Todos mis vestidos me he
quitado/ ¿Cómo me ensuciaré yo, amado mío/ con su mano mi esposo había probado/
abrirme la mi puerta con gran brío/ por entre los resquicios la ha metido/ y en
mi corazón se ha estremecido” La imagen del amado ha podido hacerse real en las
sensaciones de la amada; ha sentido su piel en contacto con algo que la
perturbado; perturbación que la eleva a un goce placentero y que sólo es interrumpido
por la “presencia” de la ausencia. La búsqueda es recurrente en el acto
amoroso, aun cuando lo tengamos, siempre deberá ser regado por la presencia de
la carencia. Lo sagrado se une a lo profano, para convertirla en espíritu y
carne. Conduciendo a una problemática: la encarnación
“Yo soy enteramente de mi
esposo/ y él en mi sus deseos ha empleado/ Ven pues amado dulce y muy
graciosos/ salgamos por el campo y por el prado/ moremos en las granjas, que es
sabroso”. El amor es posesión del otro, el deseo es carencia de ese amor.
Necesita de un lugar donde recrear, si no sensaciones, imágenes. La naturaleza
como tierra-madre que fecunda y procrea, y hasta destruye, permite la morada
del objeto amoroso.
“Como la muerte fuerte es el
amor/ duros como el ingeniero son los
celos/ las sus brazas son fuego abrazador/ que son brazas de Dios y de su
cielo” En la invocación amorosa se pulsa con impacto la muerte. Se da una
celebración del secreto, de la reproducción, del placer, de la vida y la
muerte.
“Ven presto, amigo mío, que
tu esposa/ te espera: ven corriendo, ven saltando/ como cabra o corzos corredores/ sobre los montes altos y
de olores” El amor conyugal es primordial para que este texto pueda integrase
al conjunto como cuerpo bíblico: este amor va a funcionar como pilar de la
sociedad judía y más luego, la cristiana. En este Cantar se recoge un amor
innovador, inscrito en una ley del deseo. Una cumbre de libertad regulada por
la pasión erótica y de invención retórica.
BIBLIOGRAFÍA
Kristeva, J.(1987) Historia de Amor. México: Siglo
Veintiuno.
Robert, E. (1975) Literatura Europea y Edad Media Latina.
México: Dondo de Cultura Económica
Rodríguez, J. (1980) Literatura Española Trascendental. Caracas: UCV
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