ZEN, VIOLENCIA Y CONTEMPLACIÓN EN LA VIDA DE MISHIMA

El contraste entre las manifestaciones artísticas del Japón y sus costumbres, su forma de ser, es impresionante. Cuando nos acercamos a sus producciones, notamos aspectos casi insólitos: violencia y contemplación, ridículo y sagrado, afectación y dureza agresiva. En Japón, como en toda cultura asiática, los fundamentos de su estética descansa sobre el elemento sagrado, que es la comunicación con mundos suprahumanos, con esferas sutiles. El culto y las creencias del Sinto ha impregnado la vida diaria japonesa desde hace muchos años; la esencia del elemento sagrado reside en los más humildes objetos, llegando hasta las piedras preciosas; así, pues, tocar estas manifestaciones es tocar lo sagrado. Las primeras manifestaciones del Sinto fueron los Haniwas, pequeñas figuras de terracota, que se hallaron dispuestas en círculos alrededor de tumbas antiguas.

            La llegada del budismo a través de China en el año 552 a.c. transformó profundamente la cultura japonesa, pero no modificó los aspectos en que se basaba. En occidente se ha escrito mucho sobre el budismo y del Zen, de sus técnicas de meditación, de sus particulares métodos y de sus discípulos. El Zen influenció la estética japonesa y la forma de sentir de su ser, su visión cósmica de la totalidad. A partir del Zen, se hace sentir más la paradoja del estilo de vida japonés, simbolizada por la antinomia entre el crisantemo y la espada, esto es, el culto simultáneo a la estética y a la guerra, que representa un sistema coherente de valores, actitudes, motivaciones y conducta. El conocimiento de esos patrones de la cultura japonesa resulta imprescindible para un acercamiento a su producción literaria.

            En las obras de Yukio Mishima podemos ver plasmado esos patrones, entre ellos resalta especialmente el continuo desvelamiento de la violencia, que se presenta como una dualidad con la contemplación, con la noción de totalidad, que se vuelve una constante, una teosofía en el arte y la literatura japonesa.

Pero ¿cómo sentía Mishima su vida, su arte? Es el Zen el que nos puede dar respuestas. El Zen es la búsqueda del no miedo. Tan pronto como se forma el ego, trae consigo el miedo: el miedo a perder lo que uno ama o quiere; a encontrase con lo no que no quiere y todos los comportamientos de evasión. El Zen es el estado superior del hombre, donde pierde su yo y logra alcanzar su integración con lo cósmico, con la totalidad; puesto que el yo del Zen es una manifestación del infinito en la misma forma como cada instante es una manifestación de la eternidad. Mishima veía el arte a través de esa visión; no hubo una muerte premeditada (eso con respecto a su planeación ritual de su muerte), pues la concepción de la muerte para la mayoría de los japoneses, es el logro de lo infinito; emparentado o superior quizás, a la concepción de Vacío, presente en las manifestaciones estéticas (pintura, arquitectura, etc), y artes marciales. Él aprendió los valores de una de sus abuelas, nacida en el seno de una familia samurái, descendiente de un Damio (Sr de samuráis); todos ellos con un código de honor o Bushido, que les indicaban cómo vivir. Entre otras cosas, estos samuráis transmitían su código de honor y su Katana (espada), y creían que en cada Katana moraba un espíritu. El Bushido se compara con el código de la caballería en la edad media, y es posible encontrar algunos valores éticos y morales, comunes entre ambos.

Para Mishima el Bushido y su producción artística eran un solo arte; cultivó las artes marciales (Kendo, Kárate, etc), como parte de su preparación intelectual y no como una obsesión narcisista( conocida su foto de perfil que se la tomó desnudo para mostrar sus músculos) pues era parte del código Bushido (Camino del guerrero). En su niñez era  enfermizo y débil, y  le indicaron hacer deporte para fortalecer su cuerpo.

Mishima murió con el Seppuku (corte del vientre), luego de haber tomado el cuartel de la Fuerzas de Defensa japonesa. Él creía que debía morir honrosamente con su Katana, para poder liberar su espíritu. El guerrero al hacerse el Seppuku disponía previamente de su testamento; escribía sus últimas instituciones en un Tanka( verso de 31 sílabas) o el famoso Haiku (verso de 17 sílabas). Yukio Mishima representa el espíritu del Japón y su verdadera cultura que se negaba a morir con la modernidad, después de la II Guerra Mundial.

Autor prolífero en diversas manifestaciones artísticas y literarias: Novelista, cuentista y escritor de obras teatrales. Un cuento se destaca por su magistral forma de contar; por su preciosura en imágenes y reminiscencia de lo religioso y lo sagrado: El Sacerdote y su Amada; para muchos uno de los mejores cuentos del siglo XX. Entre las novelas: El Marinero que perdió la gracia del mar…que narra cómo la sociedad decadente sin valores ni empatía va consumiendo al mundo, representado en el sufrimiento y asesinato de un marinero, y el auge de una niñez malvada.

           

 

                                          Bibliografia

Benedit, R (1974) El Crisantemo y la Espada. Patrones de la cultura japonesa. Madrid: Alianza Editorial.

Briceño, L. (1990) Yukio Mishima: Heroismo, Teatro e Inmortalidad .Diario Los Andes. Página Literaria.

Camps, V. Las Artes Marciales en la Historia del Japón. Revista Ippon. Nro 6

Camps. V. Katana. El Alma del Samurai. Revista Ippon. Nro 13.

Riviere, J. (1975) Oriente y Occidente. Biblioteca Salvat de Grandes temas. Nro 76.

Riviere, J. (1975) El Arte Oriental. Biblioteca Salvat de Grandes Temas. Nro 91

 

 

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