BLASFEMIA DE DAVID VILLAREAL

Cuando pusieron la corona de espinas sobre su cabeza, algunas mariposas se sacrificaron en mis ojos. Ningún estigma señaló sus claves en la estatuaria, pues el mapa fue escrito en mis pupilas con ramificaciones de sangre. Ellos fueron escépticos frente a una ilusoria condición divina. Escupieron mi cuerpo y ordenaron la genuflexión. Aristas sellaron varias felaciones sobre la lengua. ¿Alguien puede vivir con la oquedad en el pecho? Osan reclamar y ceñir sobre la prevaricación.

El evangelizador me miraba desde el espejo. Meditaba sobre la perversión más adecuada para esta osamenta. A veces me sentí sólo e indefenso. No conocía una noche más allá de la sodomía. Quise beber la sangre de las estrellas para convertirme en una celebridad. Chándal y oropel. El rubí no tenía forma, pero mi ombligo quería asirlo para ostentar la dovela de su flor oscura. Ninguno se ha enamorado. Alguno afirmó que el amor no existe y, en consecuencia, Dios no era más que una bestia gobernante desde el trono formado con tres seis consecutivos. El rey de los tres falos. Los tres falos que engullen tres orificios en una calada. Cuánta sorpresa suscitó el hecho de que mi condición innata no me impidiera consumir los tres al mismo tiempo. ¿Alguna vez ha disimulado placer para complacer a otro? ¿Una emoción como la alegría o una degradante sonrisa pintada con semillas? Yo fingía que no miraba. Una deuda cimbreaba opacamente a la luz del bombillo como una cicatriz. Indeleble como luna me dividí en los recodos abyectos de la ciudad.

El cielo gotea azul sobre el techo.

El techo formado con láminas de zinc gotea en el cielo.

La lluvia golpea contra el lomo artificial del techo.

La lluvia tachona el cielo con láminas de zinc.

Llueve sobre el techo.

Llueve.

El cielo se rompe sobre las láminas de zinc que forman el techo.

El cielo cae sobre el techo.

El cielo golpea, gota a gota, sobre el techo.

Ninguna de estas expresiones lingüísticas me satisface.

Eso es porque las palabras no alcanzan a expresar una visión poética vivida, solo la dice.

Cuando expreso quiero que sea una realización de la visión poética que trascienda el enunciado.

La palabra nunca será suficiente para asir esa visión poética en el cúmulo de una representación o expresión.

En este plano de la realidad llueve sobre un techo. Cuando lo expreso para que otro participe en el instante, no alcanzo a lograr mi cometido.

Pero, un evento eclosionará a raíz de la expresión lingüística en la realidad del interlocutor: lloverá. Lloverá en el instante preciso de la recepción del enunciado. Lloverá como una recuperación de la memoria o una recreación de la imaginación. Lloverá en un techo pensado, representado, rememorado, inventado. Lloverá en ti. Y así la escisión que hemos sufrido desde el origen desaparece.

BLASFEMIA II

Morí el 29 de julio de 2019. Cuando los niños mueren esperando un trasplante de órgano. Cuando un padre pierde a su hijo en una balacera. Cuando una madre llora a un hijo ahogado en las profundidades de un río caudaloso que lava los pecados del mundo. Cuando un niño abandona la escuela para salir a la calle todos los días a vender caramelos por un bolívar. Cuando un niño aspira su primera bocanada de piedra. Cuando el alma de un niño queda cautiva en un envase de pega. Cuando un niño abre su flor a la grotesca falange de un funcionario público a cambio de una dádiva. Cuando un anciano muere de inanición y su cadáver dentro de la nevera es sepultado en el centro del ojo de un zamuro. Cuando las vecinas de la comunidad pugnan por una bolsa de comida. Cuando el ebrio llega a casa para golpear a su mujer diariamente. Cuando una mujer entre los veinte años se maquilla frente al espejo para conquistar al viejo impotente que le obsequiará con una casa la generosidad de piel. Cuando un presidente difunde una compulsión por las compras y las festividades para soliviantar el sufrimiento. Cuando un gobernante se retrata en una fotografía apuntando con el dedo índice al cielo como si viniera del propio vientre del mesías a sembrar el odio, el dolor, la negligencia y la destrucción en las montañas de Los Andes. Cuando un gobierno clasifica como traición a la patria cada expresión de individualidad en su obsesiva necesidad por el poder. Cuando migran los jóvenes con restos de ilusiones rotas y pisoteadas por los botines de los hombres encamisados de rojo. Morí el 29 de julio de 2019. Un hijo perdió a su madre. Una madre perdió a su hijo. Pero, todo lo que usted puede hacer es fingir una triste sonrisa, asomarse al sarcófago y secar la lágrima en el alféizar de la mejilla con un billete de un dólar. ¿Acaso ha advertido usted que una serie de lugares comunes, posturas comunes, ademanes comunes y palabras comunes van tasajeando la poesía? Lo aquí escrito no es poesía. Lo proferido aquí no es poesía. La poesía en este texto ha quedado desprovista de su esencial virtud poética. La poesía murió con ella ataviada de mis rizos castaños. Padecimos hambre, olvidamos soñar y definitivamente el pecho quedó horadado por los ojos del desprecio. La poesía moría en la calzada alrededor de la parda costilla del perro atropellado. Olvidemos este escabroso testimonio de un sujeto anónimo sobre la historia nacional. Comencemos por punzar vaginas. Prosigamos con fútiles erecciones. Comamos pollo frito. Ejercitémonos en el gimnasio. Burlémonos de la suma de los adjetivos en este texto. Porque cada uno quiere bailar a su manera. Bañarse en licor. Quizás perderse en el rastro de las metanfetaminas. Padecer el vegetal despertar al día siguiente con la sorda resaca que escuece los labios a la intemperie. Recordará que no podrá decir poesía. Pero, si compra cualquier cosa dispuesta en el mercado podrá paliar esa vaga sensación ininteligible. Imprecar el trono de Dios. Defenestrar al paria. Ignorar al soberbio mendigo que desprende halos de azufre desde la axila. La poesía fue muriendo mientras el amanuense transcribía el texto que aspiró a convertirse en poema. La poesía moría en los recovecos de la moral o de la ideología. Yo morí el 29. La poesía agonizaba en el ojal de un nenúfar esperando a que alguien en el futuro la pronunciara en un recital, entre vocablos obscenos y lúbricos jeroglíficos, para extinguirse como un crepúsculo.

BLASFEMIA I

¿Quién quiere pasar toda su vida trabajando en un sitio para apenas comer o pagar el alquiler? ¿Por qué parece que no hay alternativas? Incluso, en el primer, segundo o tercer mundo parece que sólo un porcentaje extremadamente bajo de la población mundial puede concretar y cumplir sus sueños, ilusiones o metas de vida al mismo tiempo que desarrolla sus talentos, habilidades y capacidades. El resto de la humanidad está destinada a morir después de una larga vida como esclavo del trabajo, los placeres, las cosas y ahora las redes sociales. Todos aparentan vivir cómodamente influenciándose unos a otros. Viviendo una vida de plástico. Disfrazados y maquillados. Operados. Aquellos a quienes se les ha permitido vivir mejor para probar y aplicar estrategias de mercadotecnia consiguiendo las más útiles para esclavizar a la masa de adeptos. Obesos. Obsesivos compulsivos. Onanistas. Adictos. Atrapados en las redes sociales. Imposibilitados. Atados. Amordazados. Atrofiados. Enfermos. Excitados por la sobreestimulación de los sentidos. Muertos en vida. Zombis. Múltiples velos de ilusiones efímeras y quimeras atraviesan a cada individuo. Los signos de la corrupción estigmatizan. Las religiones ciñen corona de espinas y flagelan hasta que dejas de sentir hambre, mientras abusan sexualmente de niños porque se han vuelto aficionadas a la consumición de la prístina inocencia. Creo que he tenido una revelación que me convoca a renunciar a este cuerpo, renunciar a esta forma de vida, despojarme de esta humanidad.

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