Orientalismo en Yukio Mishima: filigrana conceptual y contemplación en el cuento El Sacerdote y su Amor.

Toda escritura tiene una huella indeleble de la conciencia del autor, de sus interacciones culturales con el mundo que lo rodea e incluso con los contextos ajenos productos de sus encuentros lecturales. En un  acercamiento que se haga a un texto definido podemos visualizar estas aseveraciones que  podrían facilitar los posibles atisbos de la producción de sus sentidos múltiples. Esta aproximación del cuento El Sacerdote y su Amor de Yukio Mishima  pretenden desmontar y mostrar algunos de esos sentidos.

Escenario contemplativo: Oriente y sus descripciones.

“La contemplación o conciencia plena surge cuando desaparece el deseo, entonces la persona entra en el estado de arahant. Este arte de contemplar lo que acontece, sin más, es una de las grandes lecciones del Buda y de todos aquellos que hallaron la iluminación” Suzuki. D.T.

Mishima prepara un escenario preciosista de entrada a la temática del cuento. La naturaleza no está ahí, sino es parte del ser y sus rasgos comunes son para elevarlos en una contemplación casi extasiada de elementos que son parte del orientalismo. Suzuki y Fromm (2012) nos los señala cuando dice que la mayoría de los occidentales tienden a separarse de la naturaleza…pero para los orientales está muy cercana. Veamos algunos detalles en el cuento: 

El suelo es, allí, de esmeralda y los caminos que la cruzan, de cordones de oro. No hay fronteras y su superficie es plana. Cincuenta mil millones de salones y torres trabajadas en oro, plata, cristal y coral se levantan en cada uno de los Precintos sagrados. Hay maravillosos ropajes diseminados sobre enjoyadas margaritas. (1)

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1.      Esto tan solo para referirse a la Tierra Pura. Una explicación sobre este concepto oriental puede ser vista en Gracia (2006) La Tierra Pura, el fin del Dharma y la mirada al paisaje: una introducción a los orígenes del jardín japonés, que presentan aspectos relacionados con el paisaje japonés, con la espiritualidad budista y con la manera peculiar de vivir ambos

. Mishima se abre en una descripción poética, mística y hasta religiosa, para que el escenario oriental abra pasos a los sentimientos humanos, cualquiera que estos sean y la futura búsqueda de la contemplación que no sólo muestre el esplendor sino que uno sea Uno con la naturaleza.

Existen grandes estanques de oro y esmeralda en los jardines para que los fieles realicen sus abluciones. Los estanques de oro están rodeados de arena de plata y los de esmeralda, de arena de cristal. Hay plantas de loto en las fuentes que brillan con mil fuegos cuando el viento acaricia la superficie del agua. Día y noche el aire se colma con el canto de las grullas, gansos, pavos reales, papagayos y Kalavinkas de dulce acento que tienen rostros de mujeres hermosas

Poniendo en escena narrativa el antiguo mito de las Kalavinkas;  en sánscrito kalaviṅka y en japonés Karyōbinga, es una criatura fantástica e inmortal perteneciente al budismo que posee una cabeza humana, torso de pájaro y cuyo cuerpo acaba en una cola serpenteante. Como toda manifestación cultural similar al mito de la madre tierra, esta articula la figura procreadora, con cuerpo de pájaro y su simbología cósmica y su cola de serpiente que prefigura múltiples conceptos culturas en diferentes contextos.

El paroxismo descriptivo de Mishima tiene su punto cumbre en la contemplación de la flor de loto, la cual lo hace desde el método zen, el cual consiste en penetrar el objeto directamente y verlo desde dentro…

En primer lugar, debemos saber que cada pétalo tiene ochenta y cuatro mil nervaduras, y que cada nervadura posee ochenta y cuatro mil luces. Más aún, la más pequeña de estas flores tiene un diámetro de doscientos cincuenta yoyana. Presumiendo que el yoyana del cual hablan las Sagradas Escrituras corresponde a setenta y cinco millas cada uno, podemos llegar a la conclusión de que una flor de loto de un diámetro de diecinueve mil millas no es de las más grandes.

Esa mirada desde adentro le permite a Mishima contemplar los múltiples detalles de la estructura del Loto y finalizar con el escenario conceptual del orientalismo  en lo que será la historia en sí del cuento El sacerdote y su amor…

…esa flor tiene ochenta y cuatro mil pétalos y dentro de cada uno hay un millón de joyas resplandecientes con mil luces diferentes. Sobre el cáliz bellamente adornado de la flor se levantan cuatro alhajados pilares, cada uno de los cuales es cien billones de veces más grande que el Monte Sumeru, que sobresale en el centro del universo budista. Grandes tapices cuelgan de sus pilares. Cada uno de ellos está adornado con cincuenta mil millones de joyas que emiten ochenta y cuatro mil luces por unidad. Cada luz está compuesta de ochenta y cuatro mil tonos diferentes de oro.

Cerrando el escenario oriental nos encontramos con una ruptura, casi abrupta, de las descripciones en la atmósfera del cuento; tal vez, desde nuestro punto de vista, le da una sombra a la estructura y la historia ficcional…

…y el mundo que se vislumbra como fondo de nuestra historia es un mundo imaginado en esa escala.

Interrupción del desapego y la caída a las profundidades carnales

En Occidente, ‘‘si” es “si” y “no” es “no”; “si” nunca puede ser “no” o viceversa. Oriente hace que el “si” se deshace hacia el “no” y el “no” hacia el “si”; no hay una división precisa entre “si” y “no”. Es la naturaleza de la vida la que es así” Suzuki. D.T.

El personaje más representativo del Zen es el monje que camina meditativo a encontrarse con la vida cotidiana que aunque es parte de él, no lo subyuga o lo impulsa a acciones distintas a las espirituales. El monje zen ya desapegado del mundo puede sentir pena o burlas de las ansias terrenales y su búsqueda de lo efímero; porque el monje con su pensamiento zen rompe con el dualismo es decir la separación del objeto y sujeto y se integra a todos los elementos que lo circunscribe. En el sacerdote y su amor, al monje lo describen así…

En cuanto a su cuerpo, podía decirse que ya no tenía casi carne. Al bañarse se regocijaba viendo cómo sus huesos salientes estaban precariamente cubiertos por carne marchita. Habiendo su cuerpo alcanzado ese estado, podía avenirse a él como si perteneciera a otra persona.

Se podría hacer una analogía con la iconografía zen y  destacar que la figura del monje tiene la forma del kanyi  del corazón que corresponde con la palabra kokoro  japonesa. La palabra kokoro en japonés hace referencia al corazón, a la mente y a los sentimientos. El monje  había superado toda clase de desapego de forma tal que ni el ruido del mundo podía irritar su mente. Conocía su yo por el recorrido otro de su ciclo de nacimiento y muerte, Suzuki y Fromm. (Op.cit).

Todo ese estado de iluminación se ve interrumpido con una sola mirada del rostro que lo desnuda de sus formas espirituales y lo hace sentir sensaciones superadas, olvidadas o reprimidas…

. El sacerdote se detuvo en la orilla y comenzó a practicar el sagrado rito de la Contemplación del Agua. En aquel momento, un carruaje tirado por bueyes, perteneciente a todas luces a una persona de alto rango, rodeó el lago y se detuvo cerca del sacerdote .Su dueña, una dama de la Corte del distrito Kyogoku de la Capital, poseía el alto título de Gran Concubina Imperial… El Gran Sacerdote miró, casualmente, en esa dirección y, de inmediato se sintió abrumado por tanta belleza… En un abrir y cerrar de ojos el mundo se había vengado del sacerdote con terrible saña. Todo cuanto había creído tan inexpugnable, caía en ruinas.

Todo lo que había logrado a través de años se caía a pedazos. Ni el arrepentimiento y oración a buda lograba eliminar ese sentimiento que le carcomía su mente…

Volvió al templo, contempló la imagen de Buda e invocó su Sagrado Nombre. Pero las sombras opacas de los pensamientos impuros se cernían sobre él.

Lo desconocido, la belleza de la cortesana,  se relaciona ahora con su  conciencia e inicia una especie de  comunicación mutua con una misma naturaleza, el deseo, que lo apartará de su iluminación alcanzada. ¿Pero en realidad el monje estaba en plena iluminación? Veamos como una vía que tiene una escalera. ¿Sube o baja? En el budismo siempre existen estas dos direcciones de entrar y salir, porque en la base de la relación entre despertar y no-despertar está la necesidad y reciprocidad de estas dos direcciones (Hisamatsu, 2012). Esto depende en el punto donde se encuentre el contemplador. El monje al ser atrapado en el deseo pierde su capacidad para la contemplación.

El deseo le impide, por lo tanto, eliminar esa sensación, ese sentimiento para él desconocido que ni las continuas lecturas de las sutras evitaban  que  exhalara

…grandes suspiros de angustia. Pensó, entonces, que la naturaleza servía para distraer su espíritu e intentó concentrarse en las montañas que, a través de la ventana de su celda, se destacaban en la distancia contra el cielo nocturno. Pero sus pensamientos, en vez de concentrarse en la belleza, se desvanecían como nubes y desaparecían.

A partir de la caída en el deseo, el monje inicia un camino desconocido para él pues ya perdido  su samadhi, es decir su equilibrio ante las cosas terrenales; su uniformidad ante la acción como monje y la ecuanimidad para decidir  los porqués en su vida terrenal. El monje del templo de Shiga ha perdido su estado de tranquilidad. Para el camino del zen el samadhi es inferior al satori.  Así el monje conocido por su desapego al mundo es parte de las comidillas porque…

el rumor de que había sido prendado por los encantos de la Concubina Imperial, y que, por ella, había sacrificado la vida eterna. Rehusar los goces de la Tierra Pura que estaban casi al alcance de su mano, equivalía al mayor sacrificio y a la más importante ofrenda.

Su caída, su situación perdida, llega a oídos de la corte imperial y se manifiesta dos situaciones que serán preámbulos de acontecimientos medulares para el sacerdote y la concubina imperial, porque el…

amor del Gran Sacerdote, estaban halagando la belleza de la mujer que inspiraba aun a un eclesiástico de tan gran virtud, tamaña distracción y, en segundo término, todos sabían que el amor del anciano por la noble dama jamás podría ser retribuido.

Esta última lexía del cuento…, todos sabían que el amor del anciano por la noble dama jamás podría ser retribuido…será el desencadenante en la historia del relato.

Los acontecimientos se van prefigurando como los hemos leído en otros cuentos literarios; por eso no se puede dejar del lado al personaje de la cortesana  imperial que tiene una forma peculiar de ser y que el monje…

Ante los ojos de la Concubina Imperial era más hombre que todos los nobles que poblaban la Corte. Y así como había abandonado una vez este Mundo Fluctuante, estaba dispuesto ahora, por ella, a renunciar también al mundo futuro.

La ruptura total con el mundo, por parte del sacerdote,  era el camino escogido para su satori; al romperse también está renunciando al mundo de la tierra pura.

Dos elementos tradicionales del cuento se presentarán en este relato. A) La tentación de la mujer y B) las pruebas del héroe; presentes estos en diferentes culturas tanto orientales como occidentales.

La tentación de la mujer…En sus combates juveniles contra la carne, lo había sostenido siempre la esperanza de alcanzar el mundo futuro. Pero, en cambio, esta lucha desesperada de su vejez se asociaba con un sentimiento de pérdida irreparable.

…. Ensayó la Contemplación del Crisantemo, la Contemplación del Aspecto Total y la Contemplación de las Partes; pero cada vez que intentaba concentrarse, el hermoso rostro de la Concubina aparecía ante sus ojos…

Tampoco fue un remedio la Contemplación del Agua, pues invariablemente aparecían los bellos rasgos resplandecientes entre las ondas del lago.

Las pruebas del héroe… Ninguno de los servidores de la Gran Concubina halló nada extraño en el hecho de que un anciano sacerdote permaneciera de pie en un rincón del jardín, apoyado en su bastón…

El Gran Sacerdote parecía ahora una persona salida del Infierno mismo.

Le resultaba doloroso permanecer de pie, apoyado en el bastón. Los ardientes rayos del sol de mayo atravesaban las hojas y caían sobre su cabeza afeitada. Una y otra vez creyó perder el sentido.

Cayó la noche y, a la luz de la luna, la figura del sacerdote se asemejaba a un montón de huesos blancos.

El Sacerdote permanecía en el jardín. Cuando las nubes ocultaban la luna, se asemejaba a un extraño árbol viejo y nudoso

El Gran Sacerdote se hallaba en la frontera del olvido, donde la carne se desintegra…

 

El sacerdote en esa situación espiritual está sufriendo por la pérdida de su mismidad y de la verdad; se está perdiendo en el origen. Para el budismo zen “mismidad” significa el ser último del yo. (Hisamatsu, op.cit)

 

Expiación de la culpa  e iluminación.

Expuesto a sus pruebas que prefiguran la expiación, el sacerdote apenas va superando los obstáculos que él mismo se va construyendo. La espera, el dolor, la posibilidad, el tiempo y la decisión, le ayudan a tener    la ampliación del campo de visión, pues,  la mente se desliga cada vez más de los objetos de los sentidos, convirtiéndose en un órgano de abstracción y generalización intelectual. El monje  busca trascender todos los límites lo que significa ir más allá…llegar a lo que se conoce en budismo como adarsanajñana “conocimiento espejo”.

Cayó la noche y, a la luz de la luna, la figura del sacerdote se asemejaba a un montón de huesos blancos.

El Sacerdote permanecía en el jardín. Cuando las nubes ocultaban la luna, se asemejaba a un extraño árbol viejo y nudoso

Finalmente, los tenues matices del amanecer irrumpieron en el cielo oscuro y la figura del sacerdote se destacó en la media luz. Todavía permanecía en pie. La Gran Concubina Imperial estaba derrotada

El proceso de la expiación había finalizado. Es probable que el monje entrara al zen por alguna vanidad o por necesidad, y de lo cual no pudo tener conciencia. Y al haber encontrado un supuesto camino fue porque nunca estuvo en contacto con la verdad. Ya cumplida su expiación el monje recibe la respuesta de la concubina de una forma peculiar  con el fin de la pena…

La doncella trasmitió el mensaje de su señora. Al escucharlo, el sacerdote profirió un grito horrendo e inhumano. La doncella intentó guiarlo de la mano, pero él no se lo permitió y se dirigió hacia la casa con pasos increíblemente rápidos y seguros.

El sacerdote cayó de rodillas y, cubriéndose el rostro con las manos, rompió a llorar. Estuvo allí por largo rato con el cuerpo sacudido por esporádicas convulsiones.

Para Suzuki,  el amor y la compasión son la esencia de la condición de Buda y de bodhisattva. Estas “pasiones” los hacen permanecer entre los seres, mientras una solo de ellas se encuentre, todavía no puede alcanzar la iluminación. Con su pasión a cuesta el monje es respondido…

Entonces, en la semi penumbra del amanecer, una blanca mano emergió dulcemente del postigo. El sacerdote del Templo de Shiga la tomó entre las suyas y se la llev6 a la frente y a las mejillas.

Aguardó a que el hombre con las manos de Buda le rogara abrir el postigo que los separaba. Cuando se lo pidiera, ella levantaría tal barrera y su cuerpo incomparablemente hermoso aparecería frente a él como en su primer encuentro junto al lago. Ella lo invitaría a entrar.

Terminada la expiación y la culpa la concubina dispuesta a dar su amor espera la respuesta del monje…

Pero el Gran Sacerdote del Templo de Shiga no dijo nada. No pidió nada. Después de cierto tiempo, las viejas manos aflojaron su presión y los blancos dedos de la dama quedaron solos en la penumbra del amanecer. El Sacerdote se alejó. Un frío mortal descendió sobre el corazón de la Gran Concubina Imperial.

Como parte de las virtudes del budismo zen el monje  usó su Ksanti  que es entendida generalmente como “paciencia", pero en realidad significa atravesar pacientemente, o más bien con ecuanimidad, por actos de humillación.  Haber doblegado el carácter y los gustos de la concubina, pasando por sufrimientos y penas,  y libre ya  de cualquier pasión,  logra el camino ansiado por él: la iluminación.

Pocos días después llegó a la Corte el rumor de que el espíritu del Gran Sacerdote había alcanzado la liberación final en su celda de Shiga.

 

Referencias Bibliográficas

Gracia, C. (2006) La Tierra Pura, el fin del Dharma y la mirada al paisaje: una introducción a los orígenes del jardín japonés.

https://core.ac.uk/outputs/71010000

Hisamatsu, S. (2012) Los cinco rasgos del maestro zen tosan. Análisis estructural del despertar. Barcelona: Editorial  Herder.

Mishima, Y. El sacerdote y su amor.

https://ciudadseva.com/texto/el-sacerdote-y-su-amor/

Suzuki, D.T. y Fromm, E. (2012) Budismo zen y psicoanális. México: Fondo de Cultura Económica.

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